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¿Seguidores? ¿Viewers? ¿Usuarios? ¡Evita menospreciar a tu comunidad!

Un directorio de mil contactos no equivale a tener una comunidad. Que tus perfiles en redes sociales tengan 10 mil seguidores, tampoco. Ni, necesariamente, cien mil viewers en tu canal de Youtube. Entonces, en Comunicación estratégica, ¿de qué hablamos cuando hablamos de comunidad?

En las iniciativas de cambio social suele pensarse que comunidad es la acumulación de personas interesadas, real o supuestamente, en sus causas. ¿Qué consecuencias tiene esta simplificación?

Que reducen la definición de una comunidad al mero interés, eludiendo componentes clave como participación, activación y compromiso de las personas que las siguen; y más importante, pierden de vista el gran horizonte de la Comunicación estratégica: construir comunidades comprometidas y proactivas.

Ahora reflexionamos sobre la relevancia de mantener el concepto de Comunidad —así, con mayúscula— en el centro de nuestras acciones comunicacionales.

Comunidad: de la cultura participativa a la imaginación cívica

Primero pensemos en una comunidad como el conglomerado de personas críticas, y no como una cifra o una masa sin rostro. Esto parte de la estupenda aproximación de Henry Jenkins, quien ya en 2006 identificó que la convergencia entre nuevos y viejos medios generó las condiciones para propiciar que las personas se organizaran en comunidades capaces de “construir su propia historia”, abandonando su rol pasivo ante el mensaje mediático industrializado.

Denominó este fenómeno como cultura participativa, donde las personas van adquiriendo un poder inusitado para “moldear, compartir y remezclar el contenido”, fortaleciendo cada vez más su identidad como cuerpo colectivo.

En 2019, el propio Jenkins aterrizó su análisis en el ámbito del activismo, acuñando el concepto de “imaginación cívica”, proceso para derivar la natural fuerza participativa de las comunidades hacia “la posibilidad de construir sobre nuestro pasado nuevos caminos, imaginando los mejores mundos posibles” (ve ejemplos inspiradores en los ámbitos de juventud, educación, periodismo y otros activismos).

Viéndolo así, una Comunidad es mucho más que un número o un puñado de características demográficas, es una fuerza viva, compleja y diversa, creativa y comprometida con aquello en lo que cree y piensa. Atraer, articular y comprometer a la tuya es la gran meta como estratega comunicacional.

Y tú, ¿tienes ya una Comunidad? Descúbrelo en 4 checks

Estos checks te ayudarán a diagnosticar la naturaleza real de tu comunidad y, en todo caso, hacia dónde avanzar:

  • Atraes sistemáticamente a nuevas personas interesadas en tu causa, bien porque te descubren o tienes estrategias para hacerte ver ante ellas
  • Posees indicadores que evidencian interacción valiosa entre las personas que siguen a tu iniciativa, reaccionan a tus mensajes, conversan y los comparten
  • Cuando realizas un llamado a la acción suelen atenderlo —ya sea la firma de una petición, compartir una campaña, brindar su testimonio o descargar un informe
  • Entre tu comunidad hay claramente embajadores o evangelistas de tu discurso, personas que se han apropiado de la visión de tu organización y la divulgan como una ambición propia

Y bien, ¿cuántos obtuviste? ¿Seguidores o comunidad? Si deseas mejorar la calidad de tu comunidad, el siguiente apartado es todo un mundo de posibilidades para ti.

Imperdibles: tres recursos para crear, acrecentar o motivar a tu Comunidad

Profundiza en el concepto de Comunidad desde la visión de la cultura participativa y la imaginación cívica: éntrale por estos tres recursos:

  1. Henry Jenkins, de viva voz 
  2. Civic Imagination Project
    ScreenShot Tool -20221123122501
  3. Cultura popular e imaginación cívica:  Un toolkit [disponible en inglés]

 

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